¿Es creíble, ahora sí, el enfoque verde de las tecnológicas?

Las energías renovables finalmente son tan económicas y eficientes como los combustibles fósiles. Una era de inversiones en fuentes limpias ha comenzado.

Por Álvaro Montes

Hasta hace poco creíamos que las energías renovables estaban lejos de igualar en costos y eficiencia a las convencionales. Pero las energías renovables finalmente se han hecho competitivas y los países que tarden en adoptarlas quedarán por fuera de la nueva ola de tecnologías verdes que invade al mundo.

Después de muchos esfuerzos invertidos en la “evangelización”, el mundo ha comenzado a preferir las fuentes limpias. Una reciente encuesta de Pew Research Center encontró que en Estados Unidos – tal vez el país más amigable con la depredación ambiental – el 77 por ciento de las personas están de acuerdo en que es más importante desarrollar fuentes alternativas, como la energía solar o la eólica, que continuar recurriendo a los combustibles fósiles.

The Economist dedicó hace poco una edición a este tema. “Para cumplir con los objetivos de calentamiento global establecidos en el Acuerdo de París de 2016, se deben invertir billones de dólares en energía limpia“, observa la prestigiosa publicación.  Christoph Frei, director ejecutivo del Consejo Mundial de Energía acreditado por la ONU, señala que “en los últimos 45 años, la tasa media de descarbonización ha sido de alrededor del 1 por ciento anual“, y para mantener los aumentos de temperatura por debajo de 2° C (como propuso el Acuerdo de París), esto debe aumentar al 6 por ciento anual.

El año que termina permitió un temporal alivio en la carga de contaminación que los humanos depositamos cada día sobre el planeta y su atmósfera. Las emisiones de CO2 se redujeron drásticamente durante los meses más fuertes de confinamiento mundial. Los expertos estiman que la reducción fue de entre el 4 y el 7 por ciento. Eso quiere decir que en 2020 cumplimos la meta de descarbonización de 6 por ciento. Pero lo logramos por la pandemia, que semiparalizó la economía. Y eso no es sostenible.

Varias de las grandes tecnológicas pusieron en marcha planes para alcanzar en algunos años la neutralidad de carbono, es decir, cero emisiones. El reto de hoy es reactivar la economía manteniendo esa tasa ideal de descarbonización. Y aunque suene difícil, hay señales optimistas. Si las energías limpias se vuelven un negocio atractivo – como parece estar ocurriendo – será posible pensar en que las emisiones de gases de efecto invernadero serán llevadas a cero a mediados del presente siglo, como propuso el Acuerdo de Paris.

Los automóviles eléctricos empiezan su primer auge serio. Tesla, el fabricante líder, elevó el precio de sus acciones en 677 por ciento este año, en la medida en que los mercados abrazan sus vehículos no contaminantes, que ya no tienen nada que envidiar, ni en desempeño ni en “look and feel” a los autos de gama alta con motores de combustión.

Varias de las grandes tecnológicas pusieron en marcha planes para alcanzar en algunos años la neutralidad de carbono, es decir, cero emisiones. Amazon anunció su meta de cero carbono en 2040. Apple tiene la misma meta para 2030, mediante la construcción en Europa (exactamente en Dinamarca) de dos de las turbinas eólicas más grandes del mundo, el diseño de productos bajos en emisiones de carbono y la innovación en materiales y en procesos. Microsoft, Google y Facebook hicieron anuncios similares. Si las cinco grandes tecnológicas cumplen sus ambiciosas metas el planeta sentirá el impacto positivo, puesto que la operación de estas gigantes, con sus enormes redes de Data Centers son un importante factor de calentamiento en la actualidad.

Y grandes fondos de inversión están apostando a negocios verdes. Durante la primera década del presente siglo hubo una ola de inversiones que terminaron mal. Pero el escenario es diferente ahora. Las energías renovables han madurado tecnológicamente, y los inversionistas lo saben. Entre 2013 y 2019, las inversiones en proyectos relacionados con el clima pasaron de 420 millones de dólares a más de 16.000 millones de dólares. Crecieron tres veces más que las inversiones en Inteligencia Artificial, uno de los sectores de la industria más promisorios para la inversión.

Las inversiones verdes en la actualidad se han diversificado: los capitalistas de riesgo apuestan a empresas que buscan reemplazar las proteínas animales (recordemos que la ganadería es uno de los mayores contribuyentes al calentamiento del planeta); este año fueron noticia dos empresas que comenzaron a producir “carne” de origen vegetal. También apuestan a negocios de producción limpia de cemento y acero para la construcción, negocios de reciclaje de escala global, reducción de incendios forestales producidos por el calentamiento y a los mercados de compensación de carbono. Además, desde luego, a la producción de vehículos eléctricos, energía solar y biocombustibles.

Por supuesto, la industria petrolera se opone con fiereza a estos cambios. ExxonMobil financia grupos negacionistas del cambio climático y se estima que el Instituto Americano del Petróleo (el gremio más grande de la industria de petróleo y gas) ha invertido casi 100 millones de dólares en los últimos veinte años en campañas contra la ciencia del cambio climático.

Pero parece inevitable que la década que comienza traerá una ola de negocios ambientalmente sostenibles.

 

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