Reconocimiento facial: Lo bueno, lo malo y lo feo

En seguridad y transacciones financieras es una gran alternativa, pero en videoviligancia de las calles es otra cosa.

El mercado colombiano de videovigilancia es todavía pequeño, con un valor estimado hoy en 60 millones de dólares al año. Pero crece rápidamente. Por ejemplo, Hikvision, también un enorme fabricante chino de tecnologías de video seguridad, crece sus ventas en Colombia a razón del 24 por ciento anual. Los principales compradores de sistemas de reconocimientos facial están en el sector privado. Algunos bancos están adoptando tecnologías para identificar a los clientes y proveer transacciones seguras. Carulla inauguró en diciembre pasado un sistema para realizar pagos en el supermercado de la carrera 11 con calle 91 en Bogotá mediante reconocimiento facial, en reemplazo del efectivo y la billetera. Esta solución tecnológica le costó a Carulla 4.000 millones de pesos, pero pone a la marca a liderar la adopción de sistemas de pago innovadores en el país. Nadie tiene reparos con estas plataformas que agilizan la economía y los negocios. De hecho, se estima que el negocio mundial de sistemas de reconocimiento facial crece a un ritmo de 16 por ciento anual, y diferentes segmentos de la industria están enfocados en estos desarrollos.

“Se puede tener seguridad sin convertirse en un estado policial”, dijo Aaron Peskin, vocero del Concejo de San Francisco …

A China, país líder mundial en el uso de la videovigilancia masiva, se le conoce por utilizar el reconocimiento facial para montones de propósitos, desde hacer checkin en los aeropuertos, pillar infractores del tránsito y mejorar la movilidad en las carreteras, hasta identificar delincuentes y prevenir hurtos. En China, mediante video se soluciona un accidente en cinco minutos en cualquier lugar de Pekin, explica Chao Wu, gerente de Dahua Technology para Colombia, el segundo fabricante de productos de videovigilancia más grande del mundo, quien admite que la contradicción entre tecnología y privacidad es un tema permanente en todo el mundo. “Me recuerda una discusión hace diez años en las redes sociales con relación a la publicación de fotos. Es lo mismo siempre, tenemos que encontrar un balance entre vanguardia tecnológica y privacidad”, dice. Y en su opinión, son los gobiernos y la voz del pueblo quienes deben decidir ese balance.

Los dolores de cabeza comienzan en el uso para fines de seguridad pública y control ciudadano. Se aplican sesgos en los algoritmos o simplemente en la instalación. La Fundación Karisma examinó en su momento el experimento fallido de Transmilenio y señaló sesgos de clase en el modelo de operación implementado. Las cámaras fueron instaladas en las estaciones por donde circulan especialmente ciudadanos de menores condiciones económicas. Mejor dicho, vigilar a los pobres. “En general, la ubicación de estas tecnologías responde a prejuicios que terminan perpetuando el factor discriminatorio, sin mencionar el “chilling effect” o efecto disuasivo en el que, una vez la gente se siente vigilada se abstiene del ejercicio acostumbrado de sus derechos en el espacio público”, advierte Carolina Botero, de la Fundación Karisma.

No obstante, las autoridades de policía en todo el mundo están felices con esta alternativa. El FBI y los departamentos de policía de varias ciudades norteamericanas utilizan un servicio de reconocimiento facial que busca información de un rostro en las redes sociales, sin necesidad de bases de datos propias de la policía. Las autoridades están emocionadas con este servicio, provisto por la compañía Clearview, la cual se halla en el centro de la polémica por estos días, debido a que sus bases de datos fueron construidas con información extraída ilegalmente de las redes sociales. Ofrece 3.000 millones de caras con todos sus datos asociados en los perfiles de Facebook y demás, obtenidas “raspando” mediante software la información de las principales plataformas. Los datos en las cuentas de Facebook, Instagram y demás redes no pueden ser utilizados por terceros, así que la base de datos de Clearview no cuenta con los permisos, pero está funcionando, y lo más preocupante es su capacidad enorme y su precisión.

Cuando el gobierno de la ciudad de San Francisco anunció la prohibición de la Inteligencia Artificial en la videovigilancia, muchas personas se sorprendieron, por tratarse de la ciudad emblemática del Silicon Valley, el epicentro más famoso de las tecnologías disruptivas. Pero las razones fueron claras: “Se puede tener seguridad sin convertirse en un estado policial”, dijo Aaron Peskin, vocero del Concejo de San Francisco.

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